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Creado en Fecha: Jueves, 19 de Mayo de 2011

PUBLICACION DEL DIARIO ABC COLOR

¿De qué se ocupan los concejales municipales?

Hay una institución cuya utilidad y servicio dejan muy serias dudas a la ciudadanía, y son las Juntas Municipales, integradas por funcionarios que ganan, en general, dietas muy superiores en valor a lo que en beneficio producen con su trabajo real. A simple vista se ve que los pueblos y ciudades de nuestro país están llenos de problemas urbanos que corregir, de soluciones a impulsar, de aspectos que mejorar, de iniciativas que crear. Los concejales interrogados al respecto argumentarán que todo eso es responsabilidad del intendente. No se consideran corresponsables de la inoperancia de la administración comunal. Los concejales parecen no tener idea de lo que es y significa el “interés general”.

Hay una institución cuya utilidad y servicio dejan muy serias dudas a la ciudadanía –en especial a los que contribuyen con altos impuestos, tasas y contribuciones a las Municipalidades y esperan que estas resuelvan los problemas principales de la vida urbana– y son las Juntas Municipales, integradas por funcionarios que ganan, en general, dietas muy superiores en valor a lo que en beneficios producen con su trabajo real, verificable y mensurable por medio de sus resultados.   

Si se pasea por los barrios residenciales de Asunción o por sus suburbios, por las localidades aledañas o por el interior del país, se constatan a simple vista las condiciones de abandono en que están los espacios comunes (calles, veredas, paseos, plazas, banquinas), así como los cascos céntricos, algunos de ellos de mucho valor arquitectónico, que se van llenando de carteles publicitarios, ocupaciones comerciales de las veredas, basura, yuyos; en resumen: desorden y fealdad de todo tipo, por donde se mire.   

Nuestros núcleos urbanos, en su generalidad, carecen de reglamentos de construcción, motivo por el cual los cascos antiguos que tienen valor histórico y cultural están destruidos por la demolición, la refacción, la edificación y la comercialización caótica, sin respeto por el estilo arquitectónico ni la calidad del paisaje urbano. No tienen reglas de disposición de residuos, que van a ser arrojados a cualquier parte, en veredas y calles, en arroyos, incluso en los parques y paseos centrales, como ocurre en Luque y San Lorenzo, por citar dos ejemplos deplorables y bien visibles.   

Arreglar estas vergüenzas y revertir estos procesos de notable deterioro de la calidad de vida urbana dependen, en primer término, de la educación general de los habitantes. Pero cuando esta es escasa o falla, como es nuestro caso, el único recurso que resta es la intervención directa, enérgica, sin concesiones ni miramientos especiales, de las autoridades municipales. Y aquí es donde se tendría que ver cómo funciona y qué servicios reales prestan los concejales, pues a ellos corresponden dos deberes principales: establecer las reglas por las que se rija la vida en la ciudad y vigilar que el intendente las ponga en ejecución y las haga cumplir.   

Pero en nuestro país no ocurren las cosas de esta manera. De hecho, la impresión que se tiene es que todo el mundo hace lo que quiere. Las normas municipales, si existen, son letra muerta; no se las conoce, no se las respeta y no se sufren consecuencias por esto.   

A simple vista, sin necesidad de hacer un relevamiento minucioso, esos pueblos están llenos de problemas urbanos que corregir, de soluciones que impulsar, de aspectos que mejorar, de iniciativas que crear. ¿Por qué transcurren los años, se suceden las Juntas Municipales y todo permanece inalterable, especialmente lo defectuoso, lo que requiere respuesta institucional, lo que no hay y debe haber en todo centro urbano, cual es un orden de convivencia civilizada? Los concejales interrogados sobre este punto argumentarán que todo eso es responsabilidad del intendente.   

Acerca de los intendentes ya se formularon y se continuarán formulando quejas y críticas a lo largo y ancho del país. Porque, salvo unos pocos y excepcionales personajes, los demás vegetan en el cargo por el sueldo y por disponer de una fuente de recursos para sus proyectos políticos personales. Pero, ¿y los concejales? Pareciera que se desentienden de todo; no tienen ojos ni oídos ni lengua. Ni se consideran corresponsables de la inoperancia de la administración comunal.   

Y conste que, ganando dietas que suelen ser iguales al salario del intendente, los concejales no tienen por tarea más que reunirse una vez a la semana en sesiones plenarias y una que otra vez en comisiones. Esto no les consume más de cinco horas semanalmente. El tiempo restante lo dedican a proselitismo político y a ocupaciones personales.   

Pero, además de eso, los concejales suelen armar sus “áreas de negocios”, separados de la Intendencia y, a menudo, hasta enfrentados. Dos de ellas suelen ser el acomodo de los itinerarios de ómnibus y las aperturas de nuevas paradas y “subparadas” (¿) de taxis. La consecuencia de esto también salta a la vista: ciertas empresas de transporte y ciertos taxistas consiguen los recorridos y los lugares de la ciudad que les apetecen, sin que importen un pepino el interés general, el ordenamiento urbano o el estado de las vías de circulación.   

En las localidades del interior que están sobre rutas de mucha circulación, sus policías de tránsito actúan como “peajeros”, como coimeros extorsionadores, especialmente en los fines de semana. Pero nada de los demás problemas son atendidos. Se podría decir que estarían igual sin necesidad de pagarles dietas a los concejales.   

Los concejales parecen no tener idea de lo que es y significa el “interés general”, que ellos confunden, casi siempre, con el suyo propio, en primer lugar, y luego con el de sus grupos favorecidos. Su ciudad, su pueblo, para ellos significa muy poco.   

Las Juntas Municipales, si van a seguir siendo lo que fueron hasta ahora, habría que considerar seriamente su reducción al mínimo o alguna forma de vigilancia sobre los concejales y algún tipo de sanción. Este régimen mejoraría la calidad de nuestra democracia y, de seguro, los pondría a trabajar en serio.
19 de Mayo de 2011 00:00

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